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Camino del Norte

Un poco de historia

Foto del centro de Santander.

La primera vez que lo intenté, fue en octubre de 2009. Me prestaron una mochila, metí en ella todo lo que consideré necesario menos un chubasquero, ya que pensaba que sería más fácil comprarlo allí. Compré un billete de tren y ocho horas y pico más tarde estaba en Santander. Tenía unos 500 kilómetros por delante divididos en 22 etapas.

Tras pasar la noche en una céntrica pensión, emprendí el camino. Pregunté en casi todas las tiendas textiles del centro si tenían chubasqueros con chepa (para la mochila) pero lamentablemente en todas me respondieron negativamente. Pero con el optimismo habitual que me caracteriza, me convencí a mí mismo de que una vez abandonada la ciudad, habrían establecimientos dedicados al peregrino donde poder cubrir mis necesidades (la del chubasquero). Además, el sol lucía sobre un cielo azul intenso...

Lo primero que descubrí es que no me gustaba nada andar por la ciudad. Los escasos y cortos entrenamientos que había realizado en Murcia, habían tenido lugar en caminos de huerta. Las continuas paradas en los semáforos te rompían el ritmo constantemente, y poco a poco, iba entrando en las deshumanizadas y grises zonas industriales que suelen rodear a las ciudades.

Tras varias horas de camino, llegué a un punto donde la guía que llevaba indicaba la posibilidad de cruzar un puente de feve sin paso peatonal para acortar la etapa en 9 kilómetros, pero no lo recomendaban por seguridad. En caso contrario habría que bordear una ría bastante extensa. Como iba "sobrao" opté por esta última, y dos horas más tarde estaba al otro lado del puente pero bastante más perjudicao, ya que la entrepierna se me empezaba a escocer. Tras reponer fuerzas con un bocata de jamón y una buena botella de agua, comenzaría la sucesión de calamidades que harían, que horas más tarde, llamara a un taxi y volviera a Santander para coger el tren que me alejaría del epicentro de la desgracia.

Por culpa de la mala señalización del camino, al llegar a un cruce decidí seguir recto ya que no ví nada que me indicara lo contrario. Una hora y pico más tarde pregunté a un paisano por la proximidad de algún albergue y descubrí horrorizado la realidad de mi situación. Cambié de estrategia y comencé a proguntar por pensiones, hostales, hoteles, habitaciones, casas rurales... y con esta última tuve suerte. Tras otra hora de camino y media de espera, estuve a punto de besar a la señora que acudió a mi llamada telefónica desde un pueblo vecino para abrirme la puerta de una gran casa rural de dos alturas. Por fín tendríamos el descanso que llevabamos necesitando desde bastante antes de que anocheciera (me refiero a mí y a mi entrepierna).

Cuando me quedé a solas, desplegué sobre la cama todas mis pertenencias y, después de darme un generoso baño y lavar la ropa, salí con las piernas un poco abiertas en dirección al único bar en varios kilómetros a la redonda. La puerta estaba cerrada pero decidí llamar porque se escuchaban ruidos. ¡Si quieres arroz Catalina!. Menos mal que por recomendación de alguien, llevaba una barrita energética a la que hincarle el diente...

Pensé que con la cantidad de chasquidos y crujidos de las colañas del techo no iba a ser capaz de dormir, pero unos segundos más tarde el despertador del móvil comenzó a sonar anunciando las siete de la mañana. A pesar de los lavados, jabones, cremas y unguentos que me había aplicado en las joyas de la corona y aledaños, el dolor seguía siendo bastante insoportable.

Al salir, eché la llave en el buzón como me había pedido la dueña de la casa y fue en ese momento, ni un segundo antes, cuando comenzó a caer el chaparrón. Estoy convencido de que en el fondo del buzón había algún mecanismo capaz de provocar la lluvia bajo demanda y la caida de las llaves lo activó. La puerta del bar continuaba cerrada a cal y canto, así que decidimos refugiarnos en una parada de autobús cercana. Tras empaparme de todos los talleres de teatro, actividades para jubilados y festividades de las poblaciones más cercanas, descubrí con asombro que ni uno sólo de aquellos carteles hacía referencia al número, horario o trayecto de la línea que pasaba por allí. No sé el tiempo que estuve sentado mientras contemplaba la lluvia que caia a mi alrededor, pero cada vez era más intensa la sensación de que allí no me querían, que estaba de sobra.

La dueña del bar me explicó que el técnico había intentado arreglar la máquina de café la noche anterior, pero sin éxito ya que tenía que cambiarle una pieza que llegaría a lo largo de la mañana. Ahora, el tazón de leche con sobaos que me metí entre pecho y espalda... ¡eso no fue moco de pavo!. Me comentó que la previsión era que lloviera durante los cuatro días siguientes y que allí el hombre del tiempo no se equivoca.

Llegó a un bar, pidió un café y como no tenian se volvió

Foto de una vía FEVE.

Ese fue el rumor que se encargaron de extender algunos críticos de barra sentados sobre sus cómodos taburetes. Como no ofende el que quiere, sino el que puede, el 14 de mayo de 2010 estaba de nuevo camino a Santander para taparles la boca. Hice un breve estudio de la frecuencia, velocidad, dirección y utilización de las dos vías que atravesaban el puente para evitar la posibilidad de un nuevo rumor: "Llegó a un puente, lo cruzó y como lo atropelló el tren se volvió..."

Había realizado bastantes caminatas de siete y ocho horas por la huerta de Murcia, pero lo que me encontré allí no tenia nada que ver. Los desniveles del terreno no tardaron en producirme una tendinitis que me iba a acompañar hasta el último día y que me provocaba unos dolores de escándalo por las mañanas al levantarme de la cama. Pero después de unos estiramientos y veinte minutos de camino, el dolor desaparecía. Algunas subidas eran impresionantes y muchas de ellas innecesarias, ya que en muchas ocasiones el camino te saca de la carretera para subir un buen repecho y luego devolverte a la misma unos metros más allá y al mismo nivel en el que estabas. Menos mal que muchos paisanos te advertían de la broma...

Todas y cada una de las mañanas, cuando me colgaba los trece kilos de mochila, tenía la completa seguridad de que ese día tendría que abandonar debido a mi estado. De cintura para abajo no había un sólo músculo que no me doliera. Además los doce o catorce grados que solía hacer a la hora del desayuno no te envitaban mucho a salír a la calle en manga y pata corta, aunque era tontería abrigarse más, ya que a los pocos minutos de camino me sobraba todo.

Las primeras jornadas se me hicieron interminables. No dejaba de pensar en los kilómetros y horas que aún me separaban de mi próxima cama. Pero, con los días, tu cerebro se mantiene ocupado en cosas más productivas. ¡Total!, si quedan ocho horas para llegar, más vale no darle muchas vueltas. Solía comenzar a eso de las nueve, pinchu sobre las doce y a las tres siempre había un plato de fabada que llevarse a la boca. Y tras una breve siesta en vela, una, dos o tres horas más de caminito. Aunque pueda parecer mentira, al final se convierte en una rutina solamente interumpida por algún día de descanso.

Cuando entré en Galicia ya estaba bastante cansado. No me habia tomado ningún día libre desde Ribadesella y cada vez tenía menos ganas de continuar. Estaba a seis jornadas de la meta, así que decreté un día de fiesta para pensarlo más friamente. Ya había intentado en dos ocasiones visitar la Playa de las Catedrales con bajamar, pero esta vez me informé sobre el horario de mareas y el de feve y llegué justo a tiempo: ¡es impresionante!. Durante la hora y pico que pasé sólo en el apeadero, decidí hacer la siguiente jornada, ya que durante el camino es cuando más y mejor se piensa.

No tuve ocasión. La temperatura subió hasta los 31 grados y yo a partir de los 25 dejo de pensar. En el albergue había una inglesa y una pareja alemana. Para demostrarles mi dominio del inglés les lancé un par de sonrisas y ellos me contestaron en la misma lengua. Los pobres no sospechaban lo que se les venía encima... Los ronquidos debieron empezar sobre las doce de la noche, pero a juzgar por las caras que tenían al día siguiente, el que no descansó fuí yo. La inglesa llegó a ofrecerme un sobre de café con leche, por lo que creo que no me guarda rencor.

09/05/11

Me estoy quitando

Foto de Cudillero

Hasta hace unos minutos no sabia sobre lo que iba a escribir, ya que me ha pasado un poco de todo pero nada con la gravedad suficiente como para dedicarle más de un párrafo.

Venía con la intención de dejar de fumar durante la primera jornada de marcha, ya que si en esos momentos llevo los sietes males, uno más no debe notarse mucho. Y así es. Despues del desayuno me eché un cigarrito y no volví a hacerlo hasta el café de la comida. Tiré el paquete vacio a la papelera y me convencí a mí mismo de que si me metía en el hotel/pensión/albergue sin tabaco iba a ser capaz de soportarlo. Las próximas tres horas de camino las llevé tan bien que pensaba seguro de haberlo conseguido. Se vé que mientras caminas, no llega la suficiente sangre al cerebro como para tener un monazo del quince, sin embargo en cuanto me he duchado y relajado han empezado los sudores de la muerte.

Me he tirado a la calle con la escusa de buscar un bar abierto (que esa es otra) para cenar. Pero pa mis adentros, yo sabía lo que andaba buscando... Cómo me habra visto el cliente "del único bar que vismos abierto" que me ha dado uno de sus cigarros no sin antes decir: La culpa la tienes tú por meterte sin tabaco en el primer pueblo que ves. Y como tenía razón, se la he dado. Luego he vuelto a deshacer en chanclas de competición dos kilómetros del camino para llegar a una gasolinera que me han explicado. Al verme con la decisión suficiente como para volver a Avilés a comprar tabaco, he decidido que nos vamos a dejar de tonterías y vamos a estar a lo que estamos. Bastante difícil es ya todo como para que me salgan ampollas por andar en chanclas.

Por lo demás: bares cerrados, mucho bosque, mucho barro, varios patinazos sin caida, dos torceduras de tobillo sin gravedad, picadura de bicho en el cuello y de planta en el gemelo derecho y a última hora, hoteles cerrados por descanso. Todo un abanico de impedimentos que lo llevan claro si creen que me voy a volver por una minucia.

10/05/11

Esto va a peor

Foto de las vistas desde el área de recreo. Afueras de Salamir

Quiero agradecer el apoyo que estoy recibiendo de todos ya, que cuando las cosas empiezan a empeorar, ayuda mucho. Capítulo a parte merecen Conesa y Ganga: GRACIAS, AMIGOS. Y contestando un poco a todos, Asturias está preciosa. Están verdes hasta las piedras y todo lleno de flores. Hoy ha estado todo el día nublado, pero así es como me gusta. Todavía no he encontrado vaques con los ojos azules pero os enteraréis en cuanto las vea. Podéis reiros de mis desgracias todo lo que os apetezca, cuando se me pasa el cabreo, soy el primero en hacerlo.

Hoy he empezado a tener la movilidad de mi abuela. De cintura para abajo me duele todo. He estado a punto de perder el equilibrio ante la mirada ojiplática del dueño del hotel. Menos mal que ha dicho: son las cosas del cansancio... (porque mueble bar no tenemos). He descubierto que de todo el dolor que sentía en la planta de los piés, algo tendrían que ver las tres mini ampollas que llevaba debidamente distribuidas por la planta, aunque después de hacerme una cura subvencionada por el Patón, no siento mucha mejoría. Mañana veremos.

Hoy no tenía mucha gana de monte y he comenzado por la carretera nacional 632 a la altura de Cudillero, pero de repente se ha convertido en una autovía en toda regla y, que si seguía por ella, terminaría andando por la mediana (teniendo en cuenta mi velocidad de desplazamiento, "de repente" es sólo para darle más emoción). Así que he cogido la primera salida. Como en las últimas dos horas y media no he visto un bar, me he visto en la obligación de sentarme en una zona de recreo a tomar unos cacahuetes al borde de un acantilado. Y vosotros diréis: ¡Qué vida tan dura!... Al salir de Soto de Luiña estaba mejor que nunca, pero después de dos kilómetros de criminal cuesta arriba la cosa a empezado a ponerse fea. Cuando he llegado a la rotonda la temblequera de piernas era evidente y los siguientes ocho kilómetros de cuestas me han dado la puntilla.

Estoy impresionado por la naturaleza de las señoras con bata y zapatillas que me encuentro en los pueblos e incluso en el monte. Y encima me echan flores sobre la soltura con la que manejo "la gran mochila". Olvídese, señora. Aquí lo realmente impactante es ¡¡¡cómo leches a llegado usted con su edad y ese equipamiento a tamaña altitud!!!. ¿Serán estas señoras a lo que se les llama trasgos en la mitología asturiana?. Los dos contactos que he tenido con ellas en estos días han sido gratos y aparentemente carentes de peligro. Seguiré informando.

11/05/11

Me quedo a vivir aquí

Foto de la capilla de la Virgen de la Regalina

Ya he visto por la tele lo del terremoto de Lorca. Espero que estén bien todos vuestros familiares y conocidos. Mis padres se han ido a la casa de la huerta para estar más tranquilos.

Esta mañana me he levantado bastante mejor. He salido algo más tarde porque he tenido que esperar a que abrieran la cafetería. De lo único que no había mejorado es de los gemelos que los tengo totalmente rígidos y me ha costado mucho ponerme en funcionamiento. Sin embargo, una vez que he entrado en calor todo ha empezado a ir mejor. Desde primera hora ha estado cayendo el incansable orballo y. pasadas las dos, ha ido arreciando hasta tener que cobijarme en un bar próximo.

Después de comer, con las piernas frias y viendo que no dejaba de llover, el dueño del bar me ha proporcionado por 15 euros una casa de unos 50 metros con parcela en la que estoy encantado de haber nacido. Creo que me quedo a vivir aquí. Los aproximados 15 kilómetros que he recorrido, los he hecho por la nacional antigua que esta practicamente abandonada por el tráfico pero con el asfalto en un estado perfecto, lo que permite andar por el centro del carril cómodamente. He visto a bastantes cicloperegrinos, incluso unos andaluces me han adelantado varias veces con el consiguiente cachondeo. Pero luego les he vacilado yo a ellos, ya que les he adelantado cuesta arriba mientras ellos empujaban sus bicis. He pensado en pedirle a alguna asturiana que me pise los gemelos, pero algo me dice que la conversación va a terminar mal.

No me había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos un sofá. Cuando me he duchado, me he tirado sobre él y no me he levantado hasta las 6. Me he acercado a ver unos acantilados que hay a un kilómetro y ha merecido la pena. Cuando me he asomado al vacio lo primero que he pensado es que me habían tomado el pelo. La caida era ridícula. Pero al ver el tamaño de un árbol que había a media pared, se me ha recalibrado la vista y he sido consciente del acojonante desnivel. La pena es que las fotos no reflejan la realidad. Y allí, construida casi sobre el mar, está la capilla de la Virgen de la Regalina donde vienen muchas parejas a casarse y a fotografiarse con los acantilados de fondo. La gente está fatal (por casarse, digo). Viendo que me iba a poner enfermo por el frio, el viento y la escasa lluvia he regresado al hogar de mis sueños. Hacia tiempo que no estaba tan bien fuera de mi casa. Ahora vuelve a llover con más fuerza.

Le mando un beso muy grande a Vanessica para que deje de preocuparse, porque todo va salir muy bien y va a volver, si cabe, más guapa que antes.

12/05/11

La maquinaria se va engrasando

Foto de Luarca

Hoy me ha tenido que echar la dueña de la casa a escobazos ya que no encontraba ninguna razón para hacerlo. Además creo que es la mañana que más flojo me he levantado. Era como una falta de energía generalizada. Pero como a la fuerza ahorcan, no he tenido otra que poner un pié delante del otro hasta que he empezado a hacerlo automáticamente. Pero cuando ha hecho efecto el bollo y el vaso de leche asturiana que he tomado para desayunar, no había quien me parara. He recorrido los 20 kilómetros de esta jornada en seis horas contando los dos generosos descansos para refrigerio, almuerzo y cafeteo reglamentarios. Además he tenido la suerte de encontrar ¡¡¡una cuesta arriba de una hora de duración!!!. ¿No es maravilloso?.

Como aún estaba con fuerzas y la etapa de mañana es de treinta Kilómetros, he intentado por todos los medios hacer algunos más sorteando Luarca para evitar tener que bajar al valle bastante profundo en el que está, pero las dos carreteras disponibles conducen al mismo sitio y la nacional la han convertido en autovía. Así que no he tenido más opción que pasar la noche en la cuna de ALSA (Autocares de Luarca S.A.), porque no tenía más ganas de seguir escalando.

Ya he visto vacas de raza suiza con sus maravillosos ojos azules, pero estaban a tal distancia que no se iba a apreciar el detalle. Cuando vea alguna lo suficientemente cerca, la inmortalizo (si no me electrocuto con el pastor eléctrico). "Sin en cambio" no he vuelto a ver ninguna señora con bata y zapatillas. Estoy muy intrigado.

Los gemelos los sigo teniendo para un trasplante y además tengo dos ampollas persistente a las que todos los días les doy el finiquito, pero que durante la jornada siguiente, vuelven a recuperar la salud a medida que yo pierdo la mía. Menos mal que no duelen mucho.

13/05/11

Primer pinchazo

Foto del apeadero de Piñera

Precisamente hoy que ya estaba casi bien de los gemelos, han empezado a dolerme todas las articulaciones. Concretamente las dos caderas y la rodilla derecha. Esta úlima ha sido la que, viendo que el dolor iba en aumento, me ha hecho abandonar la etapa a más de la mitad de recorrido por temor a que la cosa se ponga fatal y me tenga que volver. Pero cuando más jodido estaba, he tenido un golpe de suerte y en el horizonte ha aparecido un apeadero de FEVE. He tenido que esperarlo tres horas acompañado de mis frutos secos y un libro que tenía bastante abandonado. Pero hasta el frio que he pasado ha merecido la pena. Aunque estoy tomando anti-inflamatorios, si mañana no estoy en condiciones tendré que tomármelo libre.

Creo que no ha pasado un minuto desde que he salido del hotel hasta que he empezado a sudar en la cuesta de salida de Luarca. Lo que no recordaba era la recta interminable de la carretera por la que circula todo el tráfico de Asturias al mismo tiempo. Dos horas y media he tardado en recorrerla. Y lo peor no es el ruido, sino que siempre hay más de un imbecil que adelanta entre un camión y yo a toda velocidad. Además, las obras ocupaban en muchas ocasiones el escaso arcén por lo que te obligan a circular por el interior del carril. Otro pueblo que añadir a la lista "No quiero hacerlo más".

14/05/11

A punto de volverme

Foto de vacas

Hoy ha sido sin duda la etapa más dura de todo el camino. No se me va de la cabeza una cuesta de unos dos kilómetros que he tenido que subir en tramos de veinticinco metros para ir recuperando el resuello. Creo que ha sido la hora más larga de mi vida. Entre mi peso y el de la mochila estoy arrastrando ciento veintisiete kilos, y cuando la pendiente pasa de cierto límite, es que me fundo en dos minutos. Con la camiseta totalmente empapada de sudor y un viento frio bastante fuerte, no podía parar más de diez minutos seguidos a descansar porque me helaba vivo.

Ocho kilómetros antes de acabar la etapa había en pequeño albergue. Caundo he llegado a la puerta a las cuatro de la tarde, era el hombre más feliz del mundo. Además había un carta de un pequeño bar situado un poco más abajo, donde te ofrecían todo tipo de bocatas y platos combinados a domicilio. Era tan lamentable mi estado, que después del bocata de tortilla de atún calentito he tenido que echar una pequeña siesta de una hora para combatir la modorra antes de reemprender camino.

A los cuarenta y cinco minutos de abandonar el albergue ya estaba otra vez en la misma situación. Totalmente fundido, empapado, muerto de frio y con la vista fija en la senda que ascendía hasta lo más alto del monte y que estaba convencido que no iba a poder subir. He empezado a descender con la convicción de que lo mejor que podía hacer era llamar a un taxi y volverme a mi casa. Pero al llegar a la pequeña carretera que acababa de abandonar, he recordado un letrero que ponía Lourenzá. Así que he continuado por la carretera que bordea la montaña y una hora más tarde estaba en mi destino.

No sé muy bien de quién depende el trazado del Camino del Norte, pero se pueden echar a remojo. Esto no es un camino de peregrinación, esto es una recreación de una ruta por el Himalaya. Se supone que el camino debería ser practicable por personas de cualquier edad que no lleven media vida haciendo alpinismo, pero la obsesión que demuestran haciendo pasar al peregrino por el punto más alto y empinado de cualquier monte no ayuda mucho a ello. Hay un montón de carreteras locales por las que no pasa casi tráfico y que tienen un trazado mucho más natural y coherente con el propósito del camino. Así que he decidido ir andando a Santiago por donde a mí me dé la gana. Estoy hasta las narices de cuestas desproporcionadas e innecesarias, barro y frio. Como si hacer veintitantos kilómtros al día no fuera suficiente sacrificio.

15/05/11

Descanso dominical

Foto de la iglesia de Lourenzá

Después de séis dias de camino he decidido que necesito un descanso. Son muchos kilómetros en el cuerpo, muchos días de calor, frio, cuestas, ropa mojada, dolores varios, cuestas, lavar ropa en lavabos, recogerla al día siguiente tan mojada como la tendiste, muchos frutos secos por falta de bares abiertos, más cuestas, volver a tender la ropa en una cuesta para que se seque... Apetece hacer algo diferente. Además hace todo el frío del mundo y un poco más (para que lo diga yo...). Realmente no es que la temperatura sea muy baja, es más bien que corren unas ventoleras muy fuertes que te hielan en cuestión de segundos.

Así que me he levantado con tranquilidad. Después me he tomado un café con los paisanos del pueblo y he descubierto con gran alegría que había una línea de bus que casualmente me podía llevar al que hoy era mi destino. Y con la sonrisilla y el regocijo que provoca el saber que estás haciendo algo prohibido, me he subido al autobús como si fuese un chiquillo. Era de la empresa ARRIVA y he pensado: no me sorprende, aquí no se hace otra cosa que "suvirrr". Y efectivamente, todo el trayecto ha sido cuesta arriba. Después he podido comprobar que hemos atravesado un puerto de montaña de más de quinientos metros de altitud. Si lo llego a hacer andando, ahora estaríamos hablando de mi retorno a tierras murcianas.

Como no se puede estar en la calle, he aprovechado para poner al día la web ya que ayer no escribí nada por el cansancio más absoluto que se pueda sentir. Después de la hora de siesta tardía que eché, a las diez y media ya estaba muerto de sueño otra vez. La casa donde he pasado la noche era propiedad de una confitera que incluía en su pack "Buenas noches" media docena de dulces que estaban de escándalo. Todos los peregrinos que he conocido hasta al el momento van en parejas y ya hemos coincidido en más de un pueblo. Canarias, Italia, Austria y dos suizos que hablan en italiano.

Ahora voy a seguir disfrutando del gran cine de sobremesa de Antena 3, ya que parece que es el único canal de la TDT que se ve bien en esta pensión. Películas donde la madre de dos adolescentes inadaptados y delincuentes contrae una enfermedad incurable que provoca que el marido puerda su empleo debido al número de horas que dedica a cuidarla mientras snifa coca en secreto. Los jóvenes, obligados a traer dinero a casa se meten a chapero y atracador de bancos respectivamente... ¡todo tan esperanzador!.

16/05/11

Divinamente

Foto de un cultivo

Hoy he inaugurado mi campaña "Ve a Santigo por donde te de la gana" y ha ido de perlas. He salido el último (como siempre) y he llegado de los primeros a Vilalba. Lo que quiere decir claramente que por la carretera es más corto. Como el camino va serpenteando mientras atraviesa la carretera varias veces en todo el trayecto... Sigo con el dolorcito de rodilla que se acentúa sobre todo en las cuestas abajo, pero de momento es llevadero. Para celebrar mi pronta llegada he entrado en una parrillada y me he puesto las botas. ¡Con chorizos parrilleros y todo, oiga!.

A media mañana he visto en mitad de la carretera un cervatillo atropellado que parecía bastante reciente. El bicho podía pesar unos 15 kilos y he estado un rato pensando si retirarlo del asfalto para evitar posibles accidentes. El problema es que estaba en una curva desde la que no se podía ver si venían coches y entonces he empezado a ver los titulares. Después he recordado que hacía unos minutos que había pasado la menetérica (justo cuando hacía un pis en el arcén) y que seguramente ya habrían dado parte al servicio correspondiente.

Nada más llegar al hotel, me han informado en recepción que esta tierra vió nacer a Manuel Fraga y al cardenal Rouco Varela, lo que me ha sido de gran ayuda para comprender por qué sólo hay propaganda electoral del PP con su coche de megafonía y todo. He improvisado un tendedero en la ventana que ni los de Bricomanía. Soy la comidilla de todas las vecinas. Lo más lamentable es que mañana estará la ropa tal cual la he colgado.

17/05/11

Santiago 2 - Vidal 0

Foto de una pradera

Pues así ha sido. La ropa esta exactamente igual que cuando la colgué. Es una delicia tener que calzarse la ropa así. Sobre todo la camiseta. Ayer estuve preparandome toda la ruta alternativa y revolucionaria para llegar a Santiago. Incluso reservé habitación en un hotelillo a las afueras de Baamonde para ir adelantando camino. Pero a mitad de etapa he vuelto a pinchar de nuevo.

Llevo varios días tomando anti-inflamatorios para la rodilla porque el dolor no termina de desaparecer. Pero esta mañana, después de un pequeño descanso a mitad de recorrido, el dolor ha empezado a ser insoportable. He preguntado a un paisano si había alguna línea de bus que coger, pero claro, hoy tenía que ser festivo... Me he arrastrado durante un kilómetro para ver si al entrar en calor se suavizaba, pero si quieres arroz Catalina.

Entonces he encontrado un bar abierto (si, si, abierto) y allí me han dado el teléfono de Manolo. Tras media hora de espera, ha aparecido un mulato con acento gallego en un mercedes negro diciendo: Chicu, ¿dónde tú quieres que te lleve?. Y en menos de lo que se fuma un cigarro, me ha dejado en Baamonde con mi pata tiesa (lo que a mí me hubiese costado casi dós horas andando).

Me lo estoy pensando seriamente. Si habiendo descansado y tomado anti-inflamatorios la cosa ha ido a más, creo que aunque libre un par de días, volverá a pasarme en cuanto ponga un píe en el asfalto. Sólo el roce del pantalón al subir las escaleras ya me hace ver las estrellas. Tengo que subir con la pata remangá como las bailaoras. Hace un rato me han confundido con Carmen de Mairena, no te digo ná... Si mañana no estoy en condiciones me cojo un transporte hacia Santigo, le doy un abrazo al apóstol y me vuelvo a mi tierra seca y llana.

18/05/11

No hay mejoría

Foto de la estación de renfe en Baamonde

Cuando he bajado a desayunar parecía que el dolor iba a ser llevadero, pero en cuanto me he colgado la mochila y he empezado a caminar a paso normal, la cosa ha cambiado. Como ayer era fiesta, la farmachuta del pueblo estaba cerrada y me fue imposible encontrar cualquier potingue. He dado un giro de ciento ochenta grados y me he presentado en la estación de renfe. A las nueve y cuarto estaba camino de a la Coruña y a las doce, rumbo a Santiago. A la una y media estaba abrazando al apostol. Galicia es mucho más bonita desde el tren.

Foto de la catedral de Santiago de Compostela

Es la primera vez que veo la catedral con sol. Después de fotografiarla por dentro y por fuera por enésima vez, me he visto obligado a vagar de bar en bar tomando todo tipo de tapas contra mi voluntad. Las cervecitas y el oruxo de hierbas ya están haciendo su efecto. Esta también es una bonita ciudad para vivir. Las calles están llenas gente y hay ambiente de de fín de semana. Hasta el momento ya me han preguntado dos mujeres si estoy buscando habitación para pasar la noche. Parece que hay necesidad.

Foto de Carmen de Mairena

Ya tengo los billetes de vuelta. En el tren nocturno sólo quedaban camas para las féminas, así que tendré que dormir sentado. Por mucho que he insistido, no he logrado convencer al de renfe de mi parecido con Carmen de Mairena. Espero no pasarme toda la noche bajando en cada estación para fumarme un cigarrito de forma alegal mientras la gente sube al tren. Sale a las diez y media de la noche y llega Madrid a eso de las ocho. Una hora y media más tarde subo en el talgo que me llevará a tierras murcianas. El viaje "sólo" dura unas catorce horas.

Foto de cartel y mojón informativos del camino de santiago del norte

Me parece que esta ha sido la última vez. Tanto mi edad como mi peso no acompañan y es tontería seguir intentandolo. He visto los mejores paisajes del norte, paisajes que nunca habría podido ver desde el coche. He comido lo más típico de cada lugar y me he relacionado con gente de toda condición, edad y nacionalidad. Realmente es lo que andaba buscando, el camino era más bien el pretexto para llevarlo a cabo.

Más...

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